martes, 23 de agosto de 2016

Si no tienes nada bueno que decir de una persona o cosa, no digas nada (pulse aqui)

"Si no tienes nada bueno que decir de una persona o cosa, no digas nada."
En el mundo de hoy, somos víctimas de muchos que utilizan la lengua como una espada aguda. A medida que los medios de información y las personas en general se dedican más a este pasatiempo, el mal uso de la lengua parece agregar intrigas y destrucción. En el idioma corriente esta actividad destructiva se conoce como crítica negativa con la intención de hacer daño.
Mucha gente practica este comportamiento, que se ha hecho popular, criticando a sus vecinos, a los miembros de su familia, a los servidores públicos, a la comunidad, al país, a la Iglesia. Es alarmante también observar cuan a menudo los hijos critican a sus padres y los padres critican a sus hijos.
Los miembros de la Iglesia debemos recordar estas las palabras: "No hablemos con enojo" no son sólo una frase en la estrofa de un himno (Himnos de Sión, 169), sino que nos indican una forma de vivir. Ahora más que nunca debemos recordar que, "Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos" (Artículos de Fe 1:13). Si seguimos esa admonición, no habrá tiempo para la cobarde costumbre de criticar destructivamente en vez de edificar.
Algunos creen que la única forma de desquitarse, de obtener atención, de llevar ventaja o de ganar es la de criticar negativamente a los demás.
Este tipo de comportamiento no es nunca apropiado. Muchas veces el carácter y la reputación, y casi siempre la autoestima, se destruyen bajo los golpes de esta práctica maligna."Si no tienes nada bueno que decir de una persona o cosa, no digas nada." ¡Cuánto nos hemos alejado de esa simple enseñanza! Tanto que, a menudo, nos encontramos metidos en la costumbre de criticar.
Aun cuando los informes y rumores correspondientes a la deshonestidad y al mal comportamiento de otros siempre están disponibles y aquellos que desean herir, criticar o dañar los pueden utilizar como munición, el Salvador nos recuerda que: "el que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra" (Juan 8:7).
Los informes y las conversaciones desagradables están siempre al alcance de la mano para los que deseen promover lo sórdido y lo sensacional. Entre nosotros todavía no hay nadie que sea perfecto, todos tenemos fallas que no son muy difíciles de detectar, especialmente sí ése es el propósito.
Por medio de una inspección minuciosa, se podría encontrar en la vida de casi todas las personas algunos incidentes o rasgos que serían destructivos si se agrandaran. En el seno familiar, debemos volver al principio básico de reconocer lo bueno y lo digno de alabanza en las personas que nos rodean. Se debe poner de relieve la importancia de la noche de hogar y utilizarla como un instrumento o una base para la comunicación y las enseñanzas sanas, pero jamás como una oportunidad para criticar a otros miembros de la familia, a los vecinos, los maestros ni los líderes de la Iglesia.
La lealtad familiar aumentará si reforzamos lo bueno y lo positivo y refrenamos nuestros pensamientos negativos tratando de encontrar en los demás todo lo que sea digno de alabanza.
Siempre habrá personas que en el futuro se inclinen a criticarnos o criticar a otros, pero no podemos permitir que una crítica maligna logre destruirnos ni deteriorar nuestro desarrollo personal ni nuestro progreso en la Iglesia. Se le preguntó una vez a Bernard Baruch, que fue asesor de seis presidentes de los Estados Unidos, si alguna vez se había molestado por los ataques de sus enemigos, él Dijo: "Ningún hombre puede humillarme ni molestarme, no se lo permito".
Con respeto y cariño, se lo comparto!
Atte.: P. Santiago Zamora García, trabajando por el Reino y obrero de la Viña del Señor.